15 años de creatividad

En el 2004, entré al que fue mi primer trabajo como Creativa. Nunca se me va a olvidar cómo empezó todo. Me había tomado unos días de vacaciones para hacer un viaje y recuerdo que pensé: “Cuando regrese, voy a conseguir trabajo como creativa”.

El día que volví a Mérida, una amiga me hizo el favor de darme un aventón a mi casa. Cuando llegamos, ella agarró el periódico y empezó a hojearlo. “Mira, aquí hay un trabajo para ti”.

Yo honestamente pensé que iba a leerme algo como “Se busca rebanadora de carnes”, pero en lugar de eso me dijo: “Buscamos copywriter… Mira todo los requisitos, ¡así eres tú!”

Apenas pude, llené una solicitud de empleo y como no tenía ninguna experiencia en creatividad, decidí escribir una carta para hablar de lo mucho que quería el trabajo y de las cosas que me apasionaban. Quería, de alguna manera, llamar la atención.

La carta cumplió su propósito y obtuve una entrevista de trabajo. En ese momento me enteré que tenía que hacer una prueba creativa: yo solita, papel y lápiz, un producto inusual —una taza con el asa por dentro— para hacer nombres de marca, elegir uno, hacer un concepto de campaña y aterrizarlo en textos comerciales para anuncios y guiones de radio.

—¿Sabes qué hacer?
—Sí, por supuesto— dije, sin tener idea.
—¿Cuántas horas necesitas?
—Como unas… ¿dos?
—Te veo en 3 o 4 horas.

Desde que estaba en la carrera, me gustaba leer sobre publicidad y creatividad, pero ni siquiera tenía claro los elementos que debían tener los anuncios. Y en cuanto a nombres, creo que había improvisado uno o dos para cosas de amigos, pero tampoco sabía qué hacer.

Así que me guíe por mi intuición, saqué varias ideas, elegí una y me puse a escribir como si no hubiera mañana. Carlos, mi nuevo jefe, revisó mi prueba sonriendo y me dijo: “Ok, está bien. Estás contratada”. Yo no lo sabía, pero al tomar esa decisión, él se estaba saltando a Recursos Humanos que me había descartado porque tomaron mi carta como una muestra de arrogancia. Y en parte, tenían razón.

En esa época, yo pensaba que lo sabía todo: no me gustaba que me cambiaran mis textos, ni que me corrigieran. Y quería que me aprobaran todo a la primera, porque me sentía como musa parida por Zeus.

Sentía que el toque de mi pluma venía lleno de magia porque, desde que empecé a escribir, siempre había destacado: había sido ovacionada por una oda que escribí en secundaria, escribí un villancico en la preparatoria, corregía las cartas de mis papás, los trabajos de algunos amigos, escribí el discurso de graduación y la primera vez que leí algo propio en un taller literario, la escritora que lo coordinaba me dijo: “Jessica, tú lo tienes todo muy claro”. Que para mí, fue como si me hubiera dicho: “Jessica, tú eres perfecta”.

Y cuando me veo, 15 años después, creo que soy cualquier cosa menos perfecta. Pienso en los clientes difíciles que no supe tratar, en lo inadecuada que me sentía cada vez que tenía que conocer a uno nuevo, en cómo me sentía devastada cuando presentaba nombres o campañas que no gustaron.

Pienso mucho más en los errores que me hicieron aprender dolorosamente porque eso es lo que me permite apreciar todo lo bueno que he tenido: los compañeros de trabajo que se volvieron amigos, los proyectos que funcionaron, las presentaciones que despertaron emociones, las marcas que han perdurado y los clientes que se abrieron y se conectaron conmigo.

Cuando me propuse trabajar en mis principios y filosofía de marca, hace unos meses, lo primero que escribí fue:

No soy la dueña y señora de la razón. No tengo todas las respuestas, no soy perfecta, pero tengo experiencia, tengo metodologías que me acercan a ellas y me recuerdo constantemente que el cliente es experto en su negocio.

Y me siento agradecida por no ser perfecta. Porque con el tiempo aprendí que la creatividad no es algo que se trae. No es un momento de inspiración divina, ni algo que te fumes para inventar cosas. No es crear algo increíble para ganar premios o impresionar a las demás agencias.

Es crear soluciones a problemas. Porque la creatividad no es para nuestro ego; es para impulsar a empresas y personas que ponen su confianza en nuestras manos.

Gracias a Dios y al universo por estos 15 años como creativa.